La calidad de nuestra alimentación frente al estrés
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La calidad de nuestra alimentación frente al estrés

En el marco del siglo XXI se señala constantemente al estrés, como el principal desencadenante de todos los males, y lejos de revisar nuestra calidad de vida antes de iniciar cualquier tipo de tratamiento, los botiquines se llenan de pastilleros para “bajar revoluciones”, sin importar edad ni antecedentes de quien se encuentra fuera de su centro de bienestar físico y mental.

Voy a coincidir en que su grado de afección ha crecido significativamente en los últimos tiempos, y que la multiplicidad de factores a los que se pueden atribuir los principales síntomas, resulta en una revisión un tanto más exhaustiva y de abordaje multidisciplinario, para lograr un alivio rápido y duradero.

Sin embargo, lejos de centrarme en las consecuencias, voy a tratar de trabajar sobre la prevención, en el cambio de hábitos, la calidad de vida en base a una alimentación saludable, la actividad física, el descanso pleno y reparador que nuestro organismo necesita a diario, sumado a una mentalidad positiva y la innecesaria presencia de “pastilleros mágicos”.

 

¿Qué es el estrés?

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El estrés generalmente llega sin avisar y produce alteraciones en el cuerpo, y la mente. La rutina diaria, la presión en el trabajo, los problemas que podamos tener en nuestro entorno familiar y laboral, son los principales factores causantes de desencadenar este tipo de síntomas. Y Aunque la clave para combatir el estrés se basa en descubrir su origen y encontrar el modo de reducir su causa o de vivir con ella, una alimentación saludable y el ejercicio físico regular pueden contribuir a que el organismo tenga una mayor defensa preparada.

Independientemente de que la fuente de estrés sea física o emocional, el organismo reacciona bombeando adrenalina, una hormona que a su vez desencadena toda una serie de respuestas hormonales y nerviosas por todo el organismo que nos preparan para la lucha o la huida.

A pesar de que la mayoría del estrés que sufrimos hoy en día no requiere una respuesta física rápida, nuestro cuerpo sigue reaccionando de esta forma anticuada. Desde el primer segundo de ansiedad, el ritmo cardiaco se acelera, la visión se agudiza y se desvía sangre a los músculos, al tiempo que se espesa, anticipando la curación de heridas.

El estrés físico, para el que estas reacciones resultan especialmente útiles, es por lo general pasajero; tras él, los niveles hormonales vuelven a la normalidad y el sistema nervioso recobra un estado de menor alerta. En ocasiones, el estilo de vida actual lleva a un estrés mental de larga duración, que puede hacer que el organismo se encuentre en un estado de reacción al estrés durante periodos prolongados.

 

La clave en la alimentación

Ante una situación de estrés, el metabolismo del organismo puede estar sometido a gran presión. Este estado puede tener repercusiones en el sistema inmunitario; disminuyen nuestras defensas y somos más vulnerables a contraer infecciones o enfermedades.

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Para producir adrenalina, se necesita vitamina C. Cuando los niveles de adrenalina se elevan durante largos periodos de estrés, se requiere una mayor cantidad de vitamina C. Casi todos los animales pueden incrementar su propia síntesis de dicha vitamina para hacer frente a una mayor demanda. Sin embargo, el hombre sólo puede obtener este nutriente esencial a través de los alimentos. Si esto no se logra, mediante la ingesta de alimentos ricos en vitamina C como las naranjas, el limón,  el kiwi, las frutas del bosque, los morrones (rojos y verdes), el repollo y el brócoli, entre otros; el organismo, y en especial el sistema inmunitario, puede sufrir una deficiencia de dicha sustancia, dejándonos expuestos a mayores alteraciones de salud.

Cuando nos exponemos a largos periodos de estrés es conveniente reforzar el sistema inmunitario tomando grandes cantidades de alimentos ricos en beta-caroteno (precursor de la vitamina A) como zanahorias, verduras de color verde oscuro y frutas de color amarillo y naranja.

El consumo regular de las vitaminas C y A, junto al de ácido fólico y zinc, es vital para el funcionamiento adecuado del sistema inmunitario. El ácido fólico se encuentra en las legumbres, las espinacas y otras verduras de hoja verde oscuro, frutas y jugos de cítricos; mientras que los alimentos ricos en zinc son la carne de res de cerdo y cordero, las ostras, el germen de trigo, el hígado, las semillas de calabaza y la carne roja.

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Por otra parte, las necesidades proteicas del organismo también pueden aumentar en situaciones de estrés permanente. Resulta esencial incluir en nuestra dieta pescado, pollo, carne roja magra, huevos, quinoa y legumbres. Una dieta pobre en proteínas puede reducir de forma considerable las defensas inmunitarias y la capacidad de combatir las infecciones.

El pescado azul, como el salmón, la trucha, el atún y las sardinas, resulta especialmente apropiado, ya que también proporciona grasas esenciales capaces de fluidificar la sangre. De este modo, se contrarrestan las propiedades espesantes de la adrenalina.

 

Conclusión

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Una vez más, les indicaré que nuestra salud no depende de las dosis acertadas de medicación, ni de un tratamiento complejo sin objetivos claros. La clave es nuestra calidad de vida, el cambio de hábitos en todos los sentidos; llevar adelante una alimentación sana, variada, equilibrada y que nos de la satisfacción de nutrirnos disfrutando de comer, mediante la selección de los alimentos adecuados.

Debemos tomarnos el tiempo necesario para comer, no saltearnos o evitar comidas a lo largo del día, por que estaremos dando lugar a que “la falta de combustible fuerce la máquina” (nuestro cuerpo)

Además, la actividad física regular es la base más importante ya que estimula la producción de endorfinas (sustancias naturales que hacen que estemos de buen humor) y mejora la forma física, al tiempo que fortalece todos los sistemas de nuestro organismo.

0 0 420 23 agosto, 2016 Medicina, Nutrición, Prevención agosto 23, 2016

Acerca del Autor

Licenciado en Nutrición M. N. 8514, egresado del Instituto Universitario de Ciencias de la Salud, Facultad de Medicina Fundación H. A. Barceló. Orientación en deportes. I.S.A.K. II - Periodista. Docente del Instituto Universitario de Ciencias de la Salud, Facultad de Medicina Fundación H. A. Barceló - Cátedra de Valoración del Estado Nutricional, área práctica. Actualmente me desempeño como CEO Mentor de www.tusaludaldia.com.ar, y como nutricionista en Consultorio privado - UBICACIÓN: Scalabrini Ortíz 2470 - Planta Baja "L" (casi esquina Av. Santa Fe) Teléfonos para turnos: 4831-4897 / 4831-7692 / Cel: (011) 1559974732 E-mail: policonsultoriosmafe@gmail.com // hdbtusaludaldia@gmail.com Nací en Posadas Misiones, y vivo en Capital Federal donde trabajo en el servicio de emergencias médicas en el Instituto de Diagnóstico y Tratamiento.

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