Hacerle frente al síndrome metabólico puede estar en nuestras manos
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Hacerle frente al síndrome metabólico puede estar en nuestras manos

En la actualidad los índices epidemiológicos poblacionales han variado considerablemente y, sin lugar a dudas, el síndrome metabólico se ha transformado en una “epidemia silenciosa”. Se calcula que el 30% de la población mundial padece esta patología; cifras alarmantes, teniendo en cuenta las publicadas entre 1988 y 1994, donde el 22% de la población lo padecía. Pero la clave para prevenirlo, una vez más está en cambiar de hábitos. No es “hacer dieta”, sino mejor nuestro estilo y calidad de vida.
Los registros globalizados de la incidencia patológica refieren que no solo se ven afectados aquellos países de primer mundo y de mayores ingresos, sino que se extiende a países de ingresos bajos y medios. Según el estudio CARMELA (Cardiovascular Risk Factor Multiple Evaluation in Latin America, realizado en Venezuela, Colombia, Argentina, Perú, México, Ecuador y Chile, entre septiembre de 2003 y agosto de 2005), la prevalencia del síndrome en Latinoamérica fue del 21%, y muchos pacientes no conocen su estado y el riesgo que ello constituye.
En la práctica médica diaria y, dentro del contexto comunitario general, se puede observar una gran cantidad de pacientes con obesidad; en especial, la obesidad de tipo abdominal que, representa el puntapié inicial, en conjunto con la insulino-resistencia (es la respuesta anormal o subnormal de los tejidos a una determinada cantidad de insulina), para el desarrollo de los demás componentes del síndrome metabólico. A su vez, establece el riesgo de progresión a la diabetes tipo 2 (insulino-independiente) y la enfermedad cardiovascular.

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Como señala la Organización Mundial de la Salud (OMS): “La obesidad ha alcanzado proporciones epidémicas a nivel mundial, y cada año mueren, como mínimo, 2,6 millones de personas a causa de la obesidad o sobrepeso. Aunque anteriormente se consideraba un problema confinado a los países de altos ingresos, en la actualidad la obesidad también es prevalente en los países de ingresos bajos y medianos.” A su vez, se estima que las personas con síndrome metabólico, tienen un riesgo 65% más alto de enfermedad cardiovascular en comparación con las que no lo padecen.

 

¿Qué es el síndrome metabólico?

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La definición agrupa varios factores de riesgo cardiovascular, el principal de los cuales es la resistencia a la acción de la insulina. Sin embargo se estima que la obesidad  sería uno de los factores desencadenantes más importantes entre otras alteraciones metabólicas que lo caracterizan, como son la intolerancia a la glucosa, diabetes, dislipidemia (alteración de los parámetros que miden el “colesterol”), e hipertensión. Por lo tanto, en la mayoría de los casos la expresión del síndrome metabólico ocurre en individuos obesos.

“Es tan frecuente en varones como mujeres, sólo que en mujeres se manifiesta luego de la menopausia y además, cuanto más joven se constituya el síndrome metabólico hay mayores posibilidades de presentar diabetes y/o enfermedad coronaria”, explicó el Dr. Eduardo Esteban, Miembro del Consejo de Epidemiología y Prevención Cardiovascular de la Sociedad Argentina de Cardiología.

Reconociendo la problemática
Si tan sólo nos detuviéramos a observar las cifras publicadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el año 2012, bastará para tomar consciencia acerca de la existencia y las dimensiones de las patologías asociadas.

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Las enfermedades cardiovasculares representan la principal causa de muerte en todo el mundo. Han superado ampliamente los parámetros establecidos por otros factores de morbimortalidad. Se calcula que en 2008 murieron por esta causa 17,3 millones de personas, lo cual representa un 30% de todas las muertes registradas en el mundo; 7,3 millones de esas muertes se debieron a la Cardiopatía Coronaria, y 6,2 millones a los Accidentes Cerebrovasculares (ACV). Las muertes afectan por igual a ambos sexos, y más del 80% se producen en países de ingresos bajos y medios.

Se calcula que en 2030 morirán cerca de 23,3 millones de personas por este tipo de patologías, sobre todo por cardiopatías y ACV. En tanto, se prevé que sigan siendo la principal causa de muerte.

La mayoría de las enfermedades cardiovasculares pueden prevenirse actuando sobre los factores de riesgo.

 

La alimentación y la actividad física son claves

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Una vez más debo advertirles que el cambio está en nuestras manos y depende de nosotros mismos asumir el control y optimizar nuestra calidad de vida. No apuntamos sólo a llevar adelante una determinada dieta, sino también a realizar actividad física, bajar de peso a conciencia y con responsabilidad mantenerlo a lo largo del tiempo, evitar los excesos y en el caso de ser necesario, y que el profesional correspondiente así lo indique, adecuarnos al tratamiento farmacológico que nos ayude a salir adelante. Por mi parte, vuelvo a recordarles que siempre elijo confiar primero en que todo sacrificio en conjunto que hagamos para optimizar nuestra salud desde la modificación propia de nuestro estilo de vida, será esencial para evitar llegar a tener que recurrir a un tratamiento medicamentoso.

En el caso del síndrome metabólico, a la hora de trazar un plan alimentario el abanico de pautas se vuelve más amplio y la multiplicidad de factores que les fui mencionando a lo largo del informe conlleva a plantearnos más de una vía de tratamiento para atender y lograr los mejores resultados. Tengamos en cuenta que debemos partir desde la carga genética que pueda tener cada uno y a partir de allí, el cuidado que merece cada factor de riesgo que esté asociado.

Sin embargo, podemos presentar algunos ejes generales acerca del plan inicial que podríamos implementar. Aún así recuerden que siempre es recomendable abordar cada caso hasta el más mínimo detalle y trabajar a conciencia con cada uno para lograr tener éxito.

Pero teniendo en cuenta el equilibrio y la funcionalidad de la alimentación, a la cual hacemos referencia en cada informe que les presentamos, podemos indicarles que:

– Conforme a los hidratos de carbono debemos priorizar el consumo de los denominados complejos (almidones), sobre los simples, ya que no sólo nos aportan el combustible principal para activar nuestro organismo y obtener energía, sino también el aporte de fibra que nos ayudará a controlar entre otras cosas, la incidencia del colesterol como uno de los principales factores de riesgo del denominado síndrome. A su vez, recordemos que los hidratos de carbono denominados simples (entre los cuales encontramos los dulces, golosinas, bebidas gaseosas, entre otros) sólo aportan al organismo calorías vacías. Por eso, un exceso de éstos antes de un esfuerzo físico en realidad genera cansancio en lugar de energía.

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Nuestra prioridad estará centrada básicamente dentro de los siguientes alimentos:

  • Arroz integral.
  • Pastas integrales.
  • Cereales integrales.
  • Legumbres.
  • Hortalizas.
  • Pan integral.
  • Frutas.

– En cuanto a las proteínas en el caso del síndrome metabólico y sus principales factores de composición y afección vamos a insistir en la importancia del consumo de huevos, proteínas vegetales, el pescado rico en ácidos grasos poliinsaturados y la quinoa, entre otras.

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– En lo que respecta a las grasas también debemos prestar especial atención, partiendo de la base de que lo primero que buscamos en los pacientes que padecen este síndrome es el descenso de peso y su mantenimiento a lo largo del tiempo, cuidando el perfil de colesterol y el riesgo cardiovascular, entre otras. Por ello es esencial definir con claridad “el tipo” de grasas que vamos a consumir.

Menos del  10% de lo que se ingiere de grasa se recomienda que sean monoinsaturadas (ácidos grasos que recubren las arterias. Desde el punto de vista nutricional son consideradas como una de las grasas más saludables, junto con las grasas poliinsaturadas) – Dentro de los alimentos ricos en grasas de este grupo encontramos por ejemplo los aceites de oliva, aceitunas, palta, las frutas secas, entre otras.

Dentro del 15-20% deben ser poliinsaturadas; estas contienen omega-3 y omega-6. Estos son ácidos grasos esenciales que el cuerpo necesita para el crecimiento de las células y el funcionamiento del cerebro. Nuestro cuerpo no produce ácidos grasos esenciales, así que sólo se pueden obtener de los alimentos.

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Los ácidos grasos omega-3 son buenos para el corazón en varios sentidos.

Ayudan a:

  • Reducir los triglicéridos, un tipo de grasa en la sangre.
  • Reducir el riesgo de latidos cardíacos irregulares (arritmia).
  • Retardar la acumulación de placa en las arterias.
  • Bajar ligeramente la presión arterial.

Los ácidos grasos omega-6 pueden ayudar a:

  • Controlar el azúcar en la sangre.
  • Reducir el riesgo de diabetes.
  • Bajar la presión arterial.

La grasa poliinsaturada se encuentra en alimentos vegetales y animales, tales como el salmón, los aceites vegetales y algunas nueces y semillas.

 

– En el caso de la fibra, durante las últimas décadas ha aumentado la evidencia científica del beneficio cardiovascular de las dietas ricas en verduras, frutas, legumbres y cereales integrales, que incluyen pescado, frutos secas y productos lácteos descremados; el modelo más característico es la dieta tradicional mediterránea, que ha demostrado su beneficio en la reducción de la mortalidad general, en la prevención de trastornos metabólicos relacionados con la obesidad, así como en la prevención de la cardiopatía isquémica y de varios tipos de cáncer.

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Se recomienda ingerir entre 20 y 30 gramos de fibra a diario.

 

Los beneficios de la actividad física siempre están

Todos aquellos que me conocen y saben cuál es mi filosofía de tratamiento ideal para optimizar nuestra calidad de vida, saben que no sólo se trata de comer bien o “hacer dieta”, sino de cambiar hábitos y complementarlos con actividad física. De otra manera, no funciona.

La realización de un ejercicio físico regular y apropiado a las características de cada individuo tiene la capacidad de prevenir la aparición del síndrome metabólico y de controlarlo una vez presente.

En relación con el síndrome descripto, hay suficiente evidencia para poder sostener que la realización de una actividad física controlada mejora la resistencia a la insulina. Posiblemente sea a través de esta mejoría que puedan explicarse los efectos clínicos y metabólicos positivos: reducción de la presión arterial en reposo, mejoría de la hiperglucemia, reducción del colesterol “malo” (cLDL) y triglicéridos; y aumento del colesterol “bueno” (cHDL).

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Además, la actividad física tiene efectos psicológicos positivos que también ayudan a controlar el riesgo cardiovascular. La actividad en sí, adaptada a la edad y la condición individual, ayuda a mantener el peso adecuado y a mejorar nuestro rendimiento en todas las áreas de nuestras vidas.

 

Entonces amigos/as, ¿podemos nosotros mismos hacerle frente al síndrome metabólico y sus consecuentes afecciones?

¡Claro que sí!

 

 

 

Referencias:

1 – Cardiovascular Risk Factor Multiple Evaluation in Latin America, realizado en Venezuela, Colombia, Argentina, Perú, México, Ecuador y Chile, entre septiembre de 2003 y agosto de 2005. CARMELA.

2 – Organización Mundial de la Salud (OMS).

0 0 2384 14 julio, 2016 Medicina, Nutrición, Prevención julio 14, 2016

Acerca del Autor

Licenciado en Nutrición M. N. 8514, egresado del Instituto Universitario de Ciencias de la Salud, Facultad de Medicina Fundación H. A. Barceló. Orientación en deportes. I.S.A.K. II - Periodista. Docente del Instituto Universitario de Ciencias de la Salud, Facultad de Medicina Fundación H. A. Barceló - Cátedra de Valoración del Estado Nutricional, área práctica. Actualmente me desempeño como CEO Mentor de www.tusaludaldia.com.ar, y como nutricionista en Consultorio privado - UBICACIÓN: Scalabrini Ortíz 2470 - Planta Baja "L" (casi esquina Av. Santa Fe) Teléfonos para turnos: 4831-4897 / 4831-7692 / Cel: (011) 1559974732 E-mail: policonsultoriosmafe@gmail.com // hdbtusaludaldia@gmail.com Nací en Posadas Misiones, y vivo en Capital Federal donde trabajo en el servicio de emergencias médicas en el Instituto de Diagnóstico y Tratamiento.

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