Falta de fuerza, dolores articulares y la crisis de la menopausia
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Falta de fuerza, dolores articulares y la crisis de la menopausia

Ha crecido mucho en el último tiempo la cantidad de pacientes, en su mayoría mujeres, que se acercan a mi consultorio con el objetivo de cambiar y mejorar sus hábitos alimentarios, optimizar su composición corporal; y paradójicamente, con la preocupación de la dolencia, puntualmente ósea, ante la práctica deportiva o entrenamiento específico, que desean que desaparezca.

En repetidas oportunidades he hablado y escrito informes en torno a las consecuencias de una pérdida de capacidad muscular, con la pérdida de fuerza como puntapié inicial para una situación desfavorable que en mediano o largo plazo traerá consecuencias a nivel estructural (óseo) irreversibles.

En esas mismas ocasiones, he ahondado en los detalles de un entrenamiento adecuado para prevenir esta situación y desmitificando, sobre todo entre la población femenina, los efectos de un trabajo de fuerza con relación a los resultados que puede arrojar una balanza…

Una vez más queridas amigas, el peso de la balanza NO refleja el estado de la composición corporal completa y mucho menos permite hacer análisis o diagnóstico sobre el estado de salud de nuestra estructura ósea, muscular (índice de estructura-funcionalidad). Entonces, atentas y decididas deben estar a trabajar a conciencia sobre una masa muscular que les permite que sus huesos no les den dolores de cabeza a tan temprana edad…

Situación actual

Después de la epidemia de osteoporosis que surgió en la década pasada, la preocupación de los médicos ha pasado a ser la osteopenia, es decir, la pérdida de densidad mineral ósea y de sus propiedades mecánicas en personas relativamente jóvenes (cuarenta o cincuenta años).

Ya sabemos que la osteoporosis es uno de los tributos que pagamos con la edad (todos aquéllos que viven lo suficiente, acaban teniendo osteoporosis). El problema es que nadie esperaba que los problemas de dolor óseo, fracturas de consolidación lenta, dinapenia, sarcopenia, entre otros, se trasladaran a edades mucho más tempranas, como los cincuenta años.

Los especialistas en tratar a pacientes deportistas, alertaron de la necesidad que tiene el hueso del ejercicio físico (aumento de flujo circulatorio, pequeño y repetido estrés mecánico, etc.) En contrapartida, el sedentarismo en crecientes niveles de nuestra sociedad, nos conduce a padecimientos cada vez más antinaturales y de presentación más temprana.

En este contexto y, dejando de lado el efecto preventivo y terapéutico del ejercicio físico adecuado, la alimentación y, particularmente, la ingesta de determinados nutrientes han sido objeto de una gran controversia.

Los principales parámetros de la alimentación en base a los estudios científicos

Los grandes nutrientes comprometidos al tratar los problemas de crecimiento y formación del hueso, son el calcio y la vitamina D (Hormona D), entre otros. En este sentido, el consejo de las autoridades (área médica de la National  Academy of Sciences. USA), ha sido desde 2010 una recomendación, en general, de unos 1000 mg/día de calcio y 600 UI/día de vitamina D. Seis años después, los investigadores en esta área han cuestionado estas cifras y, de hecho, el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos (USPSTF),  está revisando los datos y los planes para lanzar una actualización en 2018.

Un primer estudio de gran impacto, realizado en 1992, mostró que las mujeres de edad avanzada que tomaban suplementos de calcio y vitamina D eran un 43% menos propensas a romperse la cadera que las de un grupo control que recibieron un placebo. Sin embargo, se criticó que las mujeres de la cohorte del estudio, vivían en instituciones y tenían niveles bajos de vitamina D en suero al inicio del estudio.

Desde entonces, numerosos ensayos controlados aleatorios han revelado resultados ambiguos, lo que ha llevado a numerosos especialistas a desaconsejar suplementos de calcio y vitamina D en mayores con una dieta adecuada. Alguno de estos estudios se ha citado reiteradamente por los que defienden que con una dieta equilibrada basta para asegurar una buena nutrición ósea.

Se trató del estudio que hizo  Mark Bolland, MBChB, PhD, profesor asociado de medicina en la Universidad de Auckland, en Nueva Zelanda. El equipo del Dr. Bolland utilizó datos combinados de 26 estudios, y se calculó que los suplementos de calcio redujeron las fracturas totales en un 11% y las fracturas vertebrales en un 14%, pero no redujeron las de cadera o antebrazo. Así pues, estos investigadores llegaron a la conclusión de que, para la mayoría de la gente, los riesgos relacionados con la administración de suplementos de calcio podrían ser mayores que los beneficios.

En este contexto, se consideró que el calcio y la vitamina D por sí mismos, no impiden la fractura, pero si no se tiene suficiente calcio y vitamina D, puede aumentar el riesgo de fractura.

Por eso, se consideró que la necesidad de suplementos que contuvieran estos nutrientes no sólo dependía de la edad de una persona y el sexo, sino también de la alimentación (con alimentos fuente de la vitamina), la exposición al sol (al menos 20 minutos diarios), tipo de pigmento de la piel, y condiciones de salud, junto a la toma de medicamentos especialmente dañinos, como los corticoides.

El consejo para los especialistas fue que la mayoría de los pacientes obtendrían buenos resultados situando las necesidades de estos nutrientes en 2000 UI de vitamina D y 500 mg de calcio por día.

Por otro lado, los pacientes más jóvenes podrían necesitar solamente 1000 UI de vitamina D, y mantener la ingesta de calcio habitual cuando se consumen alimentos ricos en calcio, como los vegetales de hojas verde, por ejemplo.

Sin embargo, el problema ha pasado a la vitamina D y a la vitamina K. Ahora sabemos que la vitamina D refuerza la función de las vitaminas K1 y K2 en el metabolismo del hueso y la condición del sistema cardiovascular.  Además estas sustancias favorecen el transporte del calcio. Es, en consecuencia una buena sinergia en la prevención de patologías muy prevalentes en el colectivo de mujeres de edad avanzada.

¿Y qué pasa cuando no se hace ejercicio, ni se toma sol o se ponen cremas protectoras y la comida es deficitaria en vitamina K?

En este sentido, el reflejo de una osteopenia en una mujer de 40 años, una osteoporosis clínicamente franca en esa misma mujer a los 50, fracturas y dolor óseo a partir de esa edad y una pésima calidad de vida, sería:

– Una adolescencia con alimentación desequilibrada o deficiente (muchas veces debido a regímenes para adelgazar con la mente puesta obsesivamente en el resultado de la balanza), fumadora, consumidora de anticonceptivos hormonales y sedentaria.

Llega la madurez y sigue dietas habituales, con alta presencia de carbohidratos, baja en verduras, nula en alimentos probióticos y plena de alimentos procesados, embutidos, encurtidos, pre-fritos, etc. Mantiene el sedentarismo y tiene tasas elevadas de cortisol debido a un estrés continuo. Cuando toma sol, lo hace con cremas de alta protección y nunca se ha medido la vitamina D en plasma.

Hemos pasado de preocuparnos del calcio a pasar a preocuparnos seriamente por la vitamina D. ¡Ya era hora! 

De hecho, algunos expertos recomiendan favorecer niveles más altos de los aconsejados en las guías de especialidad, como JoAnn Pinkerton, MD, profesor de obstetricia y ginecología en la Universidad de Virginia Health System en Charlottesville, que considera que debe llegarse a niveles de 30 a 80 ng/mL en sus pacientes posmenopáusicas (el criterio de los endocrinos es de 20 a 30).

El Dr. Pinkerton, que es el director ejecutivo de la Sociedad Norteamericana de Menopausia, insiste en pedir a los pacientes que aumenten la ingesta de calcio y vitamina D mediante suplementos, si es preciso, hasta llegar en las mujeres posmenopáusicas a tomar 1.200 mg/día de calcio y de 800 a 1000 UI/día de vitamina D.

Tomando 1000 UI / día de vitamina D puede aumentar el nivel sérico de una persona en un 7 ng / ml, aunque los niveles séricos fluctúan con las estaciones del año.

De igual manera, tengan en cuenta siempre, que antes de consumir cualquier tipo de suplementación o medicación, la misma debe estar recomendada, controlada y prescripta por un profesional de la salud.

 

Referencias

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FUENTE: http://dieta-paleolitica.blogspot.com.ar/2016/10/los-dolores-de-huesos-y-las-mujeres.html

3 0 666 07 junio, 2017 Medicina, Nutrición, Prevención junio 7, 2017

Acerca del Autor

Licenciado en Nutrición M. N. 8514, egresado del Instituto Universitario de Ciencias de la Salud, Facultad de Medicina Fundación H. A. Barceló. Orientación en deportes. I.S.A.K. II - Periodista. Docente del Instituto Universitario de Ciencias de la Salud, Facultad de Medicina Fundación H. A. Barceló - Cátedra de Valoración del Estado Nutricional, área práctica. Actualmente me desempeño como CEO Mentor de www.tusaludaldia.com.ar, y como nutricionista en Consultorio privado - UBICACIÓN: Scalabrini Ortíz 2470 - Planta Baja "L" (casi esquina Av. Santa Fe) Teléfonos para turnos: 4831-4897 / 4831-7692 / Cel: (011) 1559974732 E-mail: policonsultoriosmafe@gmail.com // hdbtusaludaldia@gmail.com Nací en Posadas Misiones, y vivo en Capital Federal donde trabajo en el servicio de emergencias médicas en el Instituto de Diagnóstico y Tratamiento.

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