La homeopatía y los remedios “milagrosos”
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La homeopatía y los remedios “milagrosos”

Estimados lectores, en primer lugar quisiera dedicar esta columna a mi hija Julieta, para darle la bienvenida a este mundo; a mi esposa Yamila por traerla y a un profesor que inspiró gran parte de estas palabras, el Doctor Pedro Politi.

Hoy voy a compartir con todos ustedes una breve reflexión acerca de los medicamentos homeopáticos.

Recientemente la FDA (Asociación que regula los medicamentos y alimentos en EEUU, aquí seria la ANMAT) ha dictaminado que estos medicamentos deben venderse con un rótulo que indique que no poseen el efecto que prometen tener y no es útil como tratamiento. Aun así, estoy seguro que no mermarán sus ventas y muchos pacientes los seguirán consumiendo, seguros de una cura que lamentablemente nunca llegará.

¿Qué nos lleva como seres humanos a tomar este tipo de conducta? 

¿Un producto afirma que no sirve en su etiqueta y aun así lo consumimos?

En mi opinión, esto tiene su fundamento únicamente en la ignorancia. Y por ignorancia no me estoy refiriendo a gente de bajos recursos o con poca educación, sino a quienes por voluntad propia y muchas veces, cierto “snobismo”, toman la postura de descreer en la medicina tradicional y volcarse a este tipo de alternativas.

Cierta vez, me encontraba de guardia un domingo por la madrugada, cuando tuve la oportunidad de atender a una paciente joven, la cual alrededor de las 3 de la mañana concurrió por un cuadro febril y de tos. El mismo resultó una neumonía adquirida en la comunidad.

Durante la anamnesis surge que desconfía de la medicina tradicional y que siempre se atiende con un homeópata, el cual le prescribe medicación con determinado tipo de hierbas para prevenir las infecciones y “andar bien”.

Debo reconocer que mi reacción fue preguntarle: “¿y ahora que estas enferma  venís a un hospital con un medico tradicional a las 3 de la mañana?”. Su respuesta fue obvia y es que cuando la gente se enferma de verdad, a la filosofía (y a la homeopatía) la deja en el ropero. Desde ya que  aceptó tomar antibióticos y se encuentra en perfecto estado.

Esto es una guerra. No puedo ni debo como profesional de la salud dejar de indignarme cuando escucho “mi doctora (homeópata, quisiera saber si realmente tienen algún título habilitante) me recomienda que tome tal yuyo o gotitas para los bronquios”.

Volviendo al inicio, es indiscutible que estas sustancias no se encuentran aprobadas como medicamentos en el país; sino que se permite su venta únicamente como “suplementos dietarios”. Esto es debido a que la ANMAT (tampoco pongo las manos en el fuego por ellos en un país donde se han adulterado medicamentos oncológicos y hierro destinado a embarazadas) para autorizar la comercialización de una sustancia como medicamentos tiene una serie de controles de eficacia terapéutica, no voy a ahondar en la farmacología porque aburriría a todos.

En resumen, para aprobarlo como medicina debe servir para lo que se propone, o para algo, en el peor de los casos. De esta forma las gotitas homeopáticas y afines se aprueban en forma de suplementos dietarios porque no sirven más que para aportar rosa mosqueta, cartílago de tiburón, o eucalipto, y ni siquiera estaría seguro que contengan lo que acusa el envase; el cual muchas veces no dista tanto de un aceite esencial de esos de aromaterapia. Esa es la definición de suplemento dietario: aportar…..ALGO.

No es mi idea atacar a quienes consumen estos productos, mi intención es informarlos, no existen curas milagrosas, ni gotitas para adelgazar o evitar enfermedades. Todo lo contrario, muchas enfermedades son producidas por desinformación e ingesta inapropiada de sustancias. 

Propongo humildemente, leer bien los rótulos y no dejarse llevar  por publicidades ni médicos “marquetineros” que vendan el elixir de la juventud.

Para tener salud y una vida plena lo primero es informarse. Y consultar a su médico (de verdad).

 

0 0 741 15 diciembre, 2016 Medicina diciembre 15, 2016

Acerca del Autor

Médico egresado de la Universidad de Buenos Aires (UBA) - Actualmente me desempeño como médico del staff del Hospital Italiano, en Buenos Aires. También fui parte del cuerpo médico de atención de emergencias en el Hospital de Agudos Juan A. Fernández, en Capital Federal y durante varios años trabajé en servicios de salud en clínicas privadas de la ciudad.

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